Crear un instrumento, descubrir su sonido y compartirlo con los compañeros son parte de la experiencia educativa que impulsa Julio Veas Pinochet, profesor de educación musical que trabaja en comunidades escolares de isla Lemuy, en la comuna de Puqueldón, Chiloé.
En conversación con el programa Tu Escenario de Patagonia Radio TV, el docente abordó su trayectoria en la educación rural y una propuesta que conecta la música con la cerámica, las culturas ancestrales y el entorno natural.
Durante la entrevista, Beas fue presentado como uno de los tres finalistas de la categoría Música del Global Teacher Prize Chile, reconocimiento que también destacó como una oportunidad para visibilizar el trabajo de las comunidades educativas rurales.
De Santiago a Chiloé: un encuentro con la educación rural
Según relató, llegó a Chiloé de vacaciones hace 16 años y decidió quedarse. Proveniente de Santiago, comenzó su trayectoria en el archipiélago en Quellón, donde encontró un entorno que renovó su motivación por enseñar.
El paisaje, la tranquilidad y el vínculo con las comunidades fueron fundamentales en esa decisión. Actualmente, vive en isla Lemuy y distribuye su trabajo entre establecimientos de Puqueldón, Detif, Ichuac y Aldachildo.
Para el profesor, habitar el territorio donde enseña permite conocer sus historias, comprender a las familias y construir una relación más cercana con los estudiantes.
“También hay que saber escuchar”, expresó al explicar cómo sus propuestas pedagógicas se han enriquecido con los conocimientos y las experiencias de las comunidades chilotas.
Instrumentos de cerámica: aprender desde la creación
Hace aproximadamente seis años, Beas comenzó a incorporar el barro y la cerámica a su trabajo. Desde entonces, la elaboración de instrumentos se ha convertido en una forma de explorar tanto los sonidos como las historias y los usos culturales asociados a ellos.
El proceso permite que los estudiantes participen desde la construcción hasta la interpretación. También implica esperar el secado de las piezas y su posterior cocción, etapas que, según explicó, pueden extenderse por dos o tres semanas.
La experiencia va más allá de aprender a tocar: invita a trabajar con las manos, desarrollar la paciencia y comprender el contexto de los instrumentos.
Durante la entrevista, el docente interpretó una ocarina con forma de ave, inspirada en la cultura tairona de Colombia, como ejemplo de los sonidos que investiga y comparte.
Música que dialoga con la naturaleza
La creación de instrumentos también abre espacio a la improvisación. Veas contó que sus estudiantes han elaborado pictogramas para organizar interpretaciones, incorporar silencios y explorar diferentes intensidades.
Algunas piezas evocan sonidos de aves, ranas o lluvia, lo que permite construir ambientes sonoros vinculados con la naturaleza.
De esta manera, los niños y niñas pueden participar en una experiencia musical con un instrumento hecho por ellos mismos, al que han dedicado tiempo y cuidado.
Crear, escuchar e interactuar con los compañeros se transforma así en una oportunidad para desarrollar la expresión artística y el trabajo colectivo.
Una labor compartida por las comunidades escolares
El profesor destacó que esta propuesta requiere la participación de directivos, docentes, asistentes de la educación y estudiantes. La organización de los talleres, el uso de los materiales y el cuidado de los espacios forman parte de un esfuerzo conjunto.
También abordó los desafíos de la educación rural, entre ellos la disminución de matrículas y el cierre de escuelas, situaciones que mencionó como una preocupación para las comunidades.
En ese contexto, valoró la posibilidad de dar a conocer su trabajo y contribuir a una mayor apreciación de la labor docente.
Para Veas, acercarse a las culturas ancestrales mediante el arte permite reconocer conocimientos que forman parte de nuestra historia. Su propuesta invita a escuchar el territorio, valorar el patrimonio y encontrar en la música una forma de aprender en comunidad.