Lo que durante años fue visto como una maleza que competía con el alimento destinado al ganado, hoy se está transformando en una fuente de ingresos y en parte de la identidad productiva de Palena, en la Región de Los Lagos.
Detrás de este cambio está Rodrigo Aguirre, ingeniero en alimentos, nacido y criado en Palena y fundador de Agroindustria Alto de Palena, emprendimiento que lleva cerca de 20 años trabajando con rosa mosqueta y que actualmente transforma el fruto en productos con valor agregado como pulpa, mermelada y aceite.
Durante esta temporada, la planta procesó aproximadamente 20 toneladas de rosa mosqueta fresca recolectadas entre marzo y abril, involucrando a habitantes de la zona que llegan con sus sacos de fruta para comercializarlos.
“Siempre busqué la forma de volver a mi pueblo y la mejor forma fue estudiando ingeniería en alimentos para volver a aprovechar este fruto, la rosa mosqueta”, explicó Aguirre.
Rosa mosqueta genera nuevos ingresos para habitantes de la zona
Uno de los cambios que destaca el emprendedor es la manera en que los propios habitantes de Palena comenzaron a relacionarse con la rosa mosqueta.
Según relató, anteriormente era habitual eliminar la planta debido a que era considerada una maleza. Hoy, en cambio, familias y propietarios de campos recolectan el fruto y lo llevan hasta la agroindustria, obteniendo un ingreso adicional.
“Hoy día la gente no la combate y, al contrario, la recolecta”, señaló.
Para Aguirre, el modelo permite distribuir el valor generado por la rosa mosqueta entre distintos actores de la comunidad.
“Tomamos este fruto, lo transformamos, le damos valor agregado a través de mermelada, pulpa, aceite y lo vendemos, y en el fondo todos ganamos”.
El empresario explica que algunas personas llegan hasta la planta con dos, tres o cuatro sacos, cantidades que, multiplicadas por el valor pagado por la fruta, pueden representar un monto significativo para las economías familiares.
¿Cómo se procesa la rosa mosqueta de Palena?
El procesamiento comienza con la recepción, pesaje y almacenamiento de la fruta fresca. Posteriormente, la rosa mosqueta pasa por distintos equipos para separar hojas y residuos y obtener un fruto limpio antes de su transformación.
Uno de los principales desafíos técnicos está en el interior del fruto.
Las semillas contienen el aceite de rosa mosqueta, mientras que alrededor de ellas existe una fina capa de pequeños pelos que debe retirarse cuidadosamente durante el procesamiento. La parte roja del fruto, rica en carotenoides, es utilizada principalmente para producir pulpa y mermelada.
Innovación desarrollada con apoyo de Corfo
Para facilitar esta etapa, Aguirre desarrolló mediante un proyecto de innovación empresarial una máquina capaz de retirar estos pequeños pelos de la rosa mosqueta, reemplazando procesos tradicionalmente mucho más artesanales.
El emprendedor destacó el apoyo recibido de Corfo para diseñar prototipos y adquirir equipamiento necesario para la operación de la planta, incluida una cámara de frío.
“Siempre he sido un agradecido de Corfo, que me ha permitido diseñar estas maquinitas y construirlas como prototipos”, sostuvo.
De 20 toneladas de fruta a 10 toneladas de pulpa
Durante la temporada de cosecha, desarrollada principalmente entre marzo y abril, la agroindustria recibió alrededor de 20 toneladas de fruta fresca.
Tras el procesamiento y concentración, la producción alcanzó aproximadamente 10 toneladas de pulpa de rosa mosqueta.
Parte de esta producción es congelada y comercializada a pequeñas agroindustrias que posteriormente elaboran sus propias mermeladas.
El resto se destina a la fabricación de productos terminados bajo distintos formatos, desde frascos pensados como souvenir de Palena hasta envases familiares y presentaciones industriales.
Entre ellos existen formatos de 250 y 300 gramos, bolsas de dos kilos y envases de 25 kilos destinados principalmente a pastelerías y otros emprendimientos.
Economía circular: hasta las hojas terminan convertidas en abono
Uno de los elementos centrales del proyecto es que prácticamente toda la rosa mosqueta que ingresa a la planta es aprovechada.
La pulpa roja se transforma en alimentos, las semillas permiten obtener aceite y los restos vegetales —como hojas y pequeños tallos— son utilizados para producir compost y tierra de hojas.
Ese abono posteriormente vuelve a utilizarse en una huerta instalada en el mismo lugar.
Según Aguirre, gracias a este sistema han logrado cosechar más de 100 kilos de tomates de distintas variedades.
“Del fruto se aprovecha todo. Terminamos con abono para estas hermosuras de tomate”, explicó.
Para el fundador de la agroindustria, este modelo representa una verdadera economía circular, no solamente por el aprovechamiento integral de la materia prima, sino también porque permite que recolectores, trabajadores, productores y otros pequeños emprendimientos participen de la cadena.
El aislamiento de Palena: el gran desafío para producir y vender
La ubicación geográfica que entrega identidad al producto también representa uno de sus principales obstáculos.
Aguirre reconoce que transportar insumos hacia Palena y posteriormente sacar la producción hacia otros mercados continúa siendo complejo.
En determinadas ocasiones, explica, deben esperar una semana o incluso diez días para recibir determinados insumos o movilizar productos debido a las limitaciones de conectividad y transporte.
Sin embargo, esa misma distancia se ha convertido también en un atributo comercial.
El origen remoto de los productos y la historia detrás de su elaboración permiten que consumidores de otras regiones valoren especialmente que se trate de rosa mosqueta producida y procesada en Palena.
“Estás comprando algo que viene de muy lejos, que a través de esta economía circular abarca a recolectores, trabajadores y, en el fondo, es poder levantar esta zona”, afirmó.
El sueño de convertir a Palena en la capital de la rosa mosqueta
Después de cerca de dos décadas trabajando con este fruto, Rodrigo Aguirre cree que la rosa mosqueta puede trascender a una sola empresa y convertirse en un elemento identitario para toda la comuna.
Actualmente, señala, existen otras personas dedicadas a comercializar fruta y pulpa, generándose paulatinamente una cadena productiva local.
Su aspiración es que esa relación sea todavía más visible.
“Me encantaría que en la plaza de Palena hubiese una planta de rosa mosqueta y las personas que nos visitan puedan ver el fruto para que sepan de dónde sale”.
El objetivo final es más ambicioso: posicionar territorialmente a la comuna en torno a este producto.
“Me encantaría que Palena fuese reconocido como la capital de la rosa mosqueta, que todos podamos vivir de esto porque es un fruto noble”.
Así, una especie que durante décadas fue combatida como maleza comienza a adquirir un significado diferente en esta apartada comuna cordillerana: un recurso capaz de generar valor agregado, ingresos locales, innovación y una identidad productiva asociada directamente al territorio.
