La devastadora riada registrada en Nepal vuelve a poner atención sobre un fenómeno capaz de generar inundaciones repentinas de enorme capacidad destructiva en zonas de montaña: los GLOF, sigla en inglés de Glacial Lake Outburst Flood, que corresponde al vaciamiento súbito de un lago asociado a un glaciar.
La tragedia asiática plantea una pregunta que también resulta pertinente en el sur de Chile: ¿qué tan expuesta está la Región de Los Lagos frente a este tipo de fenómenos?
La respuesta comienza a tomar forma a partir de una investigación científica que caracteriza los lagos de dominio glaciar existentes en Chile y evalúa tanto su peligro de vaciamiento repentino como el riesgo relacionado con la presencia de personas e infraestructura.
El estudio “Caracterización nacional de lagos de dominio glaciar”, elaborado por Alexis Segovia Rocha, Yuliana Bustos López y Pablo Iribarren Ancona, publicado en mayo de 2026 en la Revista Geográfica del Sur, de la Universidad de Concepción, analizó información proveniente del Inventario Público de Lagos Glaciares de la Dirección General de Aguas.
Y sus resultados ponen especialmente bajo la lupa a la Región de Los Lagos.
Los Lagos tiene 416 lagos de dominio glaciar
Los investigadores identificaron 5.384 lagos de dominio glaciar en Chile, distribuidos desde el extremo norte hasta la Patagonia.
De ellos, 416 se encuentran en la Región de Los Lagos, aproximadamente el 8% del total nacional.
La cifra es considerablemente inferior a los 2.241 de Aysén y los 2.165 de Magallanes y la Antártica Chilena. Entre ambas regiones concentran el 82% de los lagos identificados en el país.
Los Lagos posee además alrededor de 928,9 kilómetros cuadrados de glaciares, aunque su equivalente en agua glaciar representa apenas un 0,9% del total nacional.
Pero la cantidad de lagos no es el resultado más relevante de la investigación.
289 presentan algún grado de riesgo
Cuando los científicos incorporaron la presencia de personas e infraestructura potencialmente expuestas, el panorama cambió.
De los 416 lagos de dominio glaciar existentes en Los Lagos, 289 aparecen clasificados con algún grado de riesgo bajo la metodología utilizada por la investigación.
Eso corresponde aproximadamente al 69,5% del total regional.
La cifra convierte a Los Lagos en la región chilena con mayor cantidad de lagos de dominio glaciar asociados a algún grado de riesgo.
La diferencia con las regiones australes es considerable: Aysén tiene 2.241 lagos, pero 88 aparecen con algún grado de riesgo; Magallanes y la Antártica Chilena poseen 2.165, pero solamente 58 están en esa condición.
Los propios investigadores destacan esta particularidad y la atribuyen fundamentalmente a la mayor presencia de población e infraestructura en Los Lagos.
Peligro no significa que un lago esté a punto de colapsar
Este punto resulta fundamental para interpretar correctamente los resultados y evitar una lectura alarmista.
El estudio diferencia entre peligro y riesgo.
El peligro corresponde a la capacidad potencial de un fenómeno para provocar daño, independientemente de que existan personas en las cercanías. Bajo esta definición, todos los lagos glaciares estudiados poseen algún nivel de peligro de vaciamiento repentino.
El riesgo, en cambio, incorpora la posibilidad de que ese peligro produzca consecuencias sobre personas o infraestructura.
Por eso un lago situado en un lugar completamente aislado puede tener un elevado peligro de vaciamiento y, simultáneamente, aparecer sin riesgo para población o construcciones.
Para calcularlo, el estudio considera elementos expuestos dentro del área establecida por su metodología.
Que 289 lagos de Los Lagos presenten algún grado de riesgo no significa, por tanto, que 289 lagos estén próximos a vaciarse o colapsar.
Significa que existe una combinación entre el peligro físico evaluado y personas, comunidades o infraestructura potencialmente expuestas.
147 lagos presentan peligro alto o muy alto de vaciamiento
El estudio entrega además un dato relevante respecto exclusivamente del peligro físico.
De los 416 lagos identificados en Los Lagos:
- 41 están clasificados con peligro “Muy alto”.
- 106 con peligro “Alto”.
- 106 con peligro “Medio”.
- 96 con peligro “Bajo”.
- 67 con peligro “Muy bajo”.
Esto significa que 147 lagos de dominio glaciar de la Región de Los Lagos están clasificados con peligro alto o muy alto de vaciamiento repentino.
La Tabla N°3 del estudio muestra precisamente esta distribución y permite observar la particular situación regional frente al resto del país.
Nuevamente, peligro alto no equivale a una predicción de que ocurrirá un GLOF. Es una clasificación de las características que pueden favorecer este tipo de fenómeno.
¿Cómo determina la ciencia qué lago presenta mayor peligro?
La evaluación no depende exclusivamente del tamaño del lago.
La metodología utilizada para estimar el peligro de un GLOF considera seis factores: potencial impacto de movimientos en masa, volumen del lago, pendiente existente aguas abajo, superficie de la cuenca que aporta agua, contacto con los glaciares circundantes y tipo de represa natural que contiene el lago.
Con esos antecedentes se construye un índice que posteriormente clasifica cada cuerpo de agua desde peligro “Muy bajo” hasta “Muy alto”.
Esta metodología permite comprender por qué un lago relativamente pequeño podría merecer atención mientras otro de mayor superficie podría presentar condiciones diferentes.
¿Cómo puede producirse un GLOF?
Un lago glaciar puede encontrarse contenido por hielo, roca o depósitos conocidos como morrenas, formados por los materiales transportados y acumulados históricamente por el glaciar.
Son barreras naturales.
El problema aparece cuando determinados procesos alteran su estabilidad o provocan que el agua las sobrepase.
La investigación cita diferentes mecanismos capaces de desencadenar estos vaciamientos: avalanchas de hielo, derrumbes de morrenas, desbordamientos capaces de desestabilizar la represa, movimientos del glaciar e infiltración de agua.
Las represas constituidas por morrenas son consideradas particularmente susceptibles al desbordamiento debido a sus características naturales.
El resultado puede ser una liberación rápida de agua hacia sectores ubicados aguas abajo.
Y el peligro no necesariamente termina con el agua que originalmente contenía el lago.
La corriente puede incorporar sedimentos y otros materiales durante su descenso, aumentando su capacidad de generar daños.
El cambio climático está modificando el escenario
El estudio vincula esta discusión con las transformaciones experimentadas por los glaciares.
El aumento de las temperaturas y el retroceso del hielo pueden favorecer la aparición de nuevos lagos en terrenos anteriormente ocupados por glaciares, además de modificar cuerpos de agua existentes.
Los autores señalan que para 2025 fueron identificados 5.384 lagos de dominio glaciar en Chile y plantean que, bajo el actual escenario de calentamiento global, se espera que esta cantidad continúe aumentando.
Esto no significa que cada nuevo lago vaya a provocar un GLOF.
La relación depende de múltiples variables geológicas y geomorfológicas. Pero sí implica que el mapa de los peligros glaciares es dinámico y necesita actualizarse periódicamente.
¿Podría Los Lagos experimentar un GLOF?
La investigación permite establecer que el fenómeno forma parte de los peligros naturales que deben considerarse en la región.
No permite, en cambio, afirmar que exista actualmente un lago determinado próximo a experimentar un vaciamiento ni establecer cuándo podría ocurrir un evento de estas características.
Tampoco sería científicamente correcto trasladar automáticamente a Los Lagos la magnitud o características de la catástrofe registrada en Nepal.
Las condiciones del Himalaya y de los Andes patagónicos son diferentes.
Lo relevante es que la ciencia chilena ya identifica y clasifica los lagos de dominio glaciar considerando precisamente la posibilidad de vaciamientos repentinos.
Y dentro de ese análisis Los Lagos sobresale por la exposición humana.
El resumen de la investigación es explícito: aunque las zonas más australes poseen muchos más lagos, la macrozona Sur destaca por la concentración de lagos con riesgo, especialmente en la Región de Los Lagos, debido a una mayor densidad poblacional.
Los científicos plantean monitoreo y sistemas de alerta
El estudio no se limita a identificar el problema.
Sus autores plantean que, frente al retroceso glaciar y las características geográficas de Chile, resulta fundamental avanzar en sistemas de alerta temprana para vaciamientos repentinos de lagos glaciares.
También consideran esencial actualizar periódicamente el Inventario Público de Lagos Glaciares y aumentar la frecuencia del monitoreo de aquellos cuerpos de agua clasificados con mayor riesgo.
El trabajo sostiene, citando experiencias internacionales, que la supervisión continua podría incluso permitir, bajo determinadas condiciones, entregar más de un día de aviso previo a poblaciones ubicadas aguas abajo.
La investigación concluye que las macrozonas Centro y Sur requieren especial atención en materia de planificación territorial y medidas preventivas, precisamente porque allí existe una mayor exposición humana frente a estos fenómenos.
Nepal abre una pregunta que Los Lagos también debe hacerse
Las dimensiones de la tragedia ocurrida en Nepal naturalmente provocan preocupación frente a fenómenos capaces de liberar violentamente enormes cantidades de agua desde sectores montañosos.
Pero la principal lección para Los Lagos no debería ser el miedo.
Debería ser la prevención.
La investigación científica ya entrega una primera radiografía: 416 lagos de dominio glaciar, 147 clasificados con peligro alto o muy alto de vaciamiento y 289 asociados a algún grado de riesgo debido a la existencia de población o infraestructura potencialmente expuesta.
La siguiente pregunta es probablemente la más importante para la Región de Los Lagos:
¿Cuáles son específicamente los lagos que presentan los mayores niveles de riesgo, qué comunidades e infraestructura podrían encontrarse aguas abajo y qué sistemas de monitoreo y alerta existen actualmente para ellas?
Porque conocer que el peligro existe es solamente el primer paso.
Transformar ese conocimiento científico en planificación, monitoreo y alerta temprana es lo que puede impedir que un fenómeno natural termine convertido en una tragedia.