Cancagua, un spa y centro de bienestar ubicado en Frutillar Bajo, Región de Los Lagos, desarrolló una biopiscina de agua caliente que utiliza plantas y minerales para filtrar naturalmente el agua, una innovación que, según sus fundadores, corresponde a la primera biopiscina caliente del mundo.
El proyecto, creado por Luciana Misi y Mario Hermosilla, se emplaza en un entorno natural frente al lago Llanquihue, con vistas hacia el volcán Calbuco y el Teatro del Lago, y busca integrar bienestar, arquitectura y sustentabilidad.
La propuesta se diferencia de las piscinas convencionales porque el tratamiento del agua se realiza principalmente mediante procesos naturales, complementados con filtros de arena y ozono, reduciendo así la necesidad de utilizar productos químicos tradicionales.
“Somos la primera biopiscina caliente del mundo. Biopiscinas se han hecho anteriormente de aguas naturales frías, no calentadas, entonces para nosotros fue un proceso llegar a esa ingeniería óptima”, explicó Luciana Misi, cofundadora de Cancagua.
¿Cómo funciona la biopiscina de Cancagua?
La tecnología busca reproducir algunos de los procesos naturales mediante los cuales el agua se filtra en ecosistemas como ríos, lagos y humedales.
La instalación está dividida en una zona destinada a las personas y otra donde se encuentran las plantas responsables de participar en el proceso de filtración.
Esta última área contiene minerales y áridos de distintos tamaños sobre los cuales crece la vegetación.
“Es realmente impactante poder experimentar un agua que es pura, un agua que filtra a través de las plantas, que está emulando un sistema natural”, sostuvo Misi.
Plantas, minerales, arena y ozono
El agua circula desde la piscina hacia una bomba de calor. Posteriormente pasa por una zona de regulación de temperatura ubicada entre ambos sectores y finalmente llega hasta el espacio donde se encuentran las plantas.
De esta manera se genera un circuito permanente.
Al biofiltro natural se suman filtros de arena utilizados habitualmente en piscinas y un sistema de ozono que complementa la sanitización.
Según explicaron sus impulsores, una de las ventajas del ozono es que permite reforzar el tratamiento sin afectar las plantas ni el ecosistema acuático que participa en el proceso de filtración.
Un proyecto que nació tras cambiar los planes durante la pandemia
La actual propuesta de Cancagua no fue la idea original de sus fundadores.
Inicialmente, Misi y Hermosilla proyectaban desarrollar un hotel, pero la pandemia y sus consecuencias sobre el turismo obligaron a modificar los planes.
“En pandemia, la idea era hacer un hotel y era imposible partir con un proyecto hotelero. Entonces ahí tuvimos que ir muy para adentro para buscar realmente lo que era que el lugar pedía”, recordó Mizzi.
Ese proceso llevó a los emprendedores a observar con mayor atención las características naturales del terreno, especialmente la presencia del agua, la vegetación y la topografía.
“Descubrimos que estaban unos cerros de agua y entendimos que la energía del proyecto tenía que provenir del agua”, relató.
A partir de ese concepto comenzó a desarrollarse un centro orientado al descanso y bienestar, pero procurando que las instalaciones se adaptaran al paisaje y no al revés.
Más de 3.000 especies nativas reforestadas
Uno de los pilares ambientales del proyecto ha sido la recuperación de la vegetación.
Sus fundadores aseguran que ya han reforestado el terreno con más de 3.000 ejemplares de especies nativas del sur de Chile.
Entre ellas se encuentran nalcas, coihues, chilcos, calle-calle, robles y canelos, además de otras especies propias del ecosistema local.
El proceso contempló despejar sectores cubiertos por quila para favorecer la recuperación natural de especies existentes en el terreno.
Además, sus impulsores explicaron que procuraron evitar el uso de maquinaria en determinados trabajos para conservar la capa orgánica del suelo, debido a la presencia de semillas nativas.
Un humedal depurador permite tratar las aguas utilizadas
La gestión del agua también forma parte de la estrategia ambiental de Cancagua.
El recinto posee un humedal depurador que recibe las aguas utilizadas en sectores como la cafetería y los baños.
A través de un sistema de bombas, estas aguas son conducidas hasta el humedal, donde se desarrolla su proceso de depuración.
“Es el humedal depurador el que cuida de todas las aguas de Cancagua”, explicó Misi.
El sistema se encuentra integrado al paisaje y fue construido alrededor de un notro centenario, otro de los elementos naturales que se buscó conservar durante el desarrollo del proyecto.
Madera recuperada y plástico reciclado
La sustentabilidad también está presente en los materiales utilizados para construir las instalaciones.
Parte de los revestimientos corresponde a madera reciclada recuperada desde antiguos galpones del sur de Chile.
Entre los materiales utilizados se encuentra la denominada “madera soleada”, piezas que han permanecido durante años expuestas a la intemperie y que posteriormente fueron recuperadas para incorporarlas a la arquitectura del recinto.
También se utilizó tepa recuperada, mientras que algunas tablas de las terrazas fueron fabricadas con plástico reciclado.
La reducción de residuos se extiende incluso a la relación con proveedores, buscando disminuir embalajes y envases desechables.
Geotermia y aerotermia para reducir el consumo energético
Mantener agua caliente durante todo el año representa uno de los principales desafíos energéticos para un proyecto de estas características en el sur de Chile.
Cancagua aborda este aspecto utilizando aerotermia para climatizar los hot tubs y un sistema basado en geotermia para las biopiscinas, complementado con bombas de calor.
Según explicaron sus fundadores, estas tecnologías permiten aprovechar fuentes energéticas del entorno y disminuir el consumo respecto de sistemas convencionales.
A ello se suma el diseño arquitectónico.
Las piscinas permanecen aisladas y cubiertas cuando no están siendo utilizadas, mientras que las construcciones cuentan con envolventes térmicas destinadas a disminuir las pérdidas de temperatura.
Arquitectura diseñada para adaptarse a la naturaleza
Otro principio del proyecto fue evitar la construcción de un gran edificio que dominara visualmente el terreno.
En su lugar se optó por edificaciones de menor escala distribuidas según la topografía, los árboles y las características naturales del lugar.
“La idea era trabajar con escala humana. En vez de un edificio grande, un gran bloque, era trabajar con espacios chiquititos, como que se acomodan a la naturaleza, a los espacios, a la topografía, a los árboles”, explicó Misi.
El objetivo es que las construcciones puedan mimetizarse con el paisaje y que la experiencia de quienes visitan Cancagua mantenga como protagonista al entorno natural de Frutillar.
Turismo sustentable: el desafío de pasar del discurso a la práctica
Los fundadores de Cancagua sostienen que existe un cambio en las preferencias de quienes viajan, con turistas que consideran cada vez más el impacto ambiental de los lugares donde se hospedan o realizan actividades.
Sin embargo, Misi plantea que el desafío consiste en que la sustentabilidad no quede limitada a una estrategia comunicacional.
“Esperamos que cada día más la sustentabilidad no sea solo como greenwashing, sino que sea como un motor para mejorar el mundo”, señaló.
La experiencia con la biopiscina, agrega, les ha permitido comprobar que existen alternativas al tratamiento convencional del agua.
“¿Por qué tenemos que poner químicos duros en el agua y matar el agua para poder ocuparla cuando esto funciona?”, planteó.
Cancagua busca que su modelo pueda replicarse
Para sus fundadores, uno de los objetivos es que la experiencia desarrollada en Frutillar pueda servir como referencia para otros proyectos turísticos, hoteleros y de bienestar.
Misi sostiene que implementar sistemas naturales no necesariamente implica mayores costos en el largo plazo, especialmente si se consideran la eficiencia energética y la reducción en el uso de determinados insumos.
“Yo sí tengo esperanza de que eso pueda servir de ejemplo y que más proyectos con piscina puedan ocupar ese sistema, porque vale la pena”, afirmó.
Así, Cancagua busca instalar desde Frutillar una propuesta donde bienestar, arquitectura, recuperación del ecosistema y eficiencia energética convivan en un mismo espacio, transformando a su innovadora biopiscina caliente en el elemento más visible de un proyecto que apuesta por una forma diferente de relacionarse con el entorno.
