Productores del sector lechero del sur de Chile están transformando plásticos provenientes de silos y bolos en nuevos productos para los propios campos, como polines para cercos y separadores para ganado. La iniciativa, desarrollada como parte de los esfuerzos de economía circular que impulsa el sector lácteo, busca reducir residuos, facilitar su valorización y convertir un problema ambiental en una alternativa con potencial económico para los predios.
Economía circular gana terreno en el sector lechero
La sostenibilidad y la economía circular se han convertido en uno de los ejes para proyectar el desarrollo de la producción lechera chilena, una actividad particularmente relevante para la economía de regiones como Los Lagos y Los Ríos.
Octavio Oltra, gerente del Consorcio Lechero, explicó que la organización reúne a gremios de productores, empresas procesadoras, compañías de servicios, universidades y centros vinculados al sector, bajo el propósito de impulsar el desarrollo sostenible de la industria láctea chilena.
Según explicó, este enfoque considera los componentes económico, social y medioambiental.
En territorios como Osorno, destacó Oltra, la producción de leche constituye una actividad relevante para la economía y el desarrollo social de la ciudad y sus alrededores.
Es precisamente en el componente ambiental donde la circularidad adquiere especial importancia, al buscar nuevas alternativas para disminuir residuos y reincorporar materiales a los procesos productivos.
Plásticos de silos y bolos: uno de los principales desafíos
Natalie Jones, encargada del área de sustentabilidad del Consorcio Lechero, explicó que una de las líneas de trabajo apunta a promover prácticas que permitan reducir la generación de residuos y aumentar su valorización.
Entre los materiales que presentan mayores desafíos se encuentran los plásticos utilizados en los silos y bolos de forraje, ampliamente presentes en los campos lecheros.
El problema, explicó, no necesariamente radica en una falta de disposición de los agricultores para reciclar, sino en la necesidad de contar con sistemas articulados que permitan recolectar, gestionar y valorizar estos residuos.
Actualmente, diferentes iniciativas han comenzado a conectar a productores con gestores y valorizadores.
El proceso considera que el agricultor prepare el residuo dentro del predio para posteriormente entregarlo a un gestor. El plástico puede entonces ser procesado y convertido en nuevos productos que incluso regresan al sector agrícola, además de otros artículos como bolsas de basura.
Del plástico de bolo a los cercos del mismo campo
Una experiencia concreta se desarrolla en Agrícola Crucero Viejo, predio lechero administrado por Alejandro Schilling, quien representa a la tercera generación de una familia dedicada a esta actividad.
Schilling explicó que los plásticos son separados inmediatamente después de utilizar el forraje.
Posteriormente son enfardados y enviados a reciclaje para transformarlos, entre otros productos, en polines que vuelven a utilizarse en los cercos de los campos.
La preparación del plástico comienza en el mismo momento en que se retira del bolo.
El objetivo es evitar que entre en contacto con barro u otros residuos que puedan contaminarlo y dificultar posteriormente su reciclaje.
Enfardar el plástico reduce hasta 70% su volumen
De acuerdo con la experiencia relatada por Schilling, enfardar el plástico permite reducir aproximadamente un 70% su volumen para el transporte, facilitando considerablemente su manejo y traslado hacia los lugares donde será procesado.
La iniciativa surgió precisamente de un grupo de productores que enfrentaba el mismo problema con estos residuos.
Ante la falta de alternativas suficientes para gestionarlos, decidieron avanzar en una solución propia.
“Decidimos instalar nuestra propia fábrica de polines”, relató Schilling, explicando que el objetivo es utilizar los plásticos generados por los propios productores y eventualmente contribuir también a resolver el problema de otros agricultores.
Polines reciclados podrían durar varias décadas
Además de solucionar un problema asociado a los residuos, los productores identificaron una potencial ventaja económica.
Según Schilling, el costo asociado al reciclaje y fabricación de un polín plástico puede ser similar o ligeramente superior al de uno de madera, pero la diferencia podría encontrarse en su vida útil.
Mientras un polín de madera puede durar entre cinco y diez años, los productores estiman que las estructuras fabricadas con plástico reciclado podrían alcanzar una duración considerablemente mayor, proyectando incluso al menos 50 años.
La iniciativa también está explorando otras aplicaciones.
El plástico reciclado se está utilizando para fabricar separadores destinados a alojamientos de vacas, aprovechando la flexibilidad del material.
Esta característica permite que la estructura ceda cuando un animal entra en contacto con ella y posteriormente recupere su posición, ofreciendo una alternativa frente a elementos tradicionales fabricados con fierro o madera.
Chile Origen Consciente y la producción sostenible
Las iniciativas de circularidad también forman parte de una estrategia más amplia para avanzar hacia una producción agroalimentaria sostenible.
Jones destacó el programa Chile Origen Consciente, liderado por el Ministerio de Agricultura y orientado a posicionar al país como productor de alimentos sostenibles.
Entre las prácticas promovidas se encuentran precisamente la gestión adecuada de los plásticos agrícolas, el manejo de residuos dentro de los predios y el aprovechamiento de los purines como fertilizante.
Para el sector lechero, la sostenibilidad no solo responde a una exigencia ambiental.
También puede representar una oportunidad para reducir costos, aprovechar materiales anteriormente considerados desechos y mejorar la competitividad de los productores.
La experiencia de los plásticos de bolo muestra precisamente ese cambio de enfoque: un residuo generado por la producción lechera puede ser recuperado, procesado y retornar al campo convertido en infraestructura destinada a permanecer allí durante décadas.
